Espejito, espejito en la pantalla: ¿quién controla la historia?
- Yabsira Kuraz
- hace 1 día
- 3 min de lectura
Una innovadora propuesta de danza interactiva explora la tecnología, la capacidad de elección y las conexiones humanas en la era digital.
El espectáculo ofreció una propuesta de danza innovadora y cautivadora que exploró la relación entre las personas y la tecnología a través del movimiento, la narrativa y la participación del público. Inspirada en motivos propios de los cuentos de hadas, con referencias a la Manzana Envenenada, la producción examinó cómo los dispositivos digitales, las redes sociales y las interacciones en línea influyen en nuestra vida cotidiana. La puesta en escena abordó estos temas de manera creativa y accesible, transformando conversaciones familiares sobre el tiempo frente a las pantallas y el uso de la tecnología en una experiencia artística singular.
Kyoko Fujimoto y Yabsira Kuraz
Uno de los aspectos más memorables de la función fue su formato interactivo. A lo largo del espectáculo, los asistentes fueron invitados a participar en votaciones en tiempo real que influían directamente en el desarrollo de la historia y la coreografía. Utilizando sus teléfonos móviles, el público respondió a diversas preguntas relacionadas con los hábitos digitales y el uso de la tecnología. Una de las encuestas invitaba a identificar los “espíritus” digitales que mejor representaban su experiencia en línea, incluyendo conceptos como la conexión genuina, el agotamiento digital, la validación social y la curiosidad. Otra planteaba si los nuevos y poderosos dispositivos debían lanzarse de inmediato o si, antes de ello, las personas debían fortalecer sus vínculos en el mundo real. A partir de los resultados obtenidos, los intérpretes adaptaban las escenas siguientes, convirtiendo al público en una parte activa de la producción.



Como observadora, encontré este enfoque particularmente eficaz porque reflejaba la manera en que la tecnología influye en la toma de decisiones en la vida cotidiana. En lugar de limitarse a hablar sobre algoritmos, redes sociales y hábitos digitales, la puesta en escena permitía al público experimentar cómo las decisiones moldean los resultados. La producción abordó tanto las oportunidades como los desafíos que plantea la tecnología, destacando cuestiones como la presión digital, la búsqueda de validación en línea y el agotamiento, al tiempo que reconocía las posibilidades de comunicación, aprendizaje y conexión que ofrecen las plataformas digitales.


Tras la función, el público tuvo la oportunidad de participar en una conversación con la coreógrafa, los bailarines y el equipo creativo. Durante el intercambio, los artistas explicaron que la producción era considerablemente más compleja que un espectáculo de danza tradicional, ya que contemplaba aproximadamente 280 posibles recorridos narrativos. Como el rumbo de la obra dependía de las votaciones del público, el elenco debía ensayar numerosas versiones de las escenas y de las coreografías. También preparó secuencias especiales para resolver los posibles empates en las votaciones. Los intérpretes señalaron que ninguna función era exactamente igual a otra, ya que cada audiencia tomaba decisiones diferentes.
El equipo creativo también explicó cómo logró traducir conceptos abstractos como la presión de las redes sociales, la ansiedad, los algoritmos y la dependencia digital al lenguaje del movimiento. Contaron que gran parte de la coreografía nació de conversaciones sobre sus propias experiencias con la tecnología y la vida en línea. A través del intercambio y el trabajo colaborativo, esas vivencias se transformaron en danza, permitiendo a los intérpretes comunicar emociones e ideas complejas sin recurrir al diálogo hablado. Varios de los artistas subrayaron que la tecnología no debe entenderse como algo completamente positivo o negativo, sino como una herramienta cuyo impacto depende del uso que las personas decidan darle.
En conjunto, la experiencia me pareció tan enriquecedora como estimulante desde el punto de vista intelectual. La combinación de participación del público, problemáticas sociales contemporáneas y expresión artística dio lugar a una propuesta inmersiva que invitó a reflexionar sobre nuestra relación con la tecnología. La conversación posterior con el equipo creativo puso aún más de relieve el extraordinario nivel de preparación, creatividad y trabajo que sustentó la producción. Al fusionar tecnología, narrativa y artes escénicas, el evento demostró con éxito cómo el arte puede generar conversaciones significativas sobre el mundo digital y el papel que este desempeña en la sociedad contemporánea.



















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