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Resiliencia, seguridad y prosperidad compartida: una mirada al 28.º Foro Legislativo Anual Estados Unidos-Caribe

En una era cada vez más definida por crisis interconectadas —desde amenazas a la ciberseguridad y presiones migratorias hasta desastres naturales e incertidumbre económica—, la relación entre Estados Unidos y el Caribe ha adquirido una renovada relevancia estratégica.


Los días 10 y 11 de junio, responsables de políticas públicas, diplomáticos, líderes empresariales, académicos y actores regionales se reunieron en Washington, D.C., para participar en el 28.º Foro Legislativo Anual Estados Unidos–Caribe, organizado por el Instituto de Estudios del Caribe (Institute of Caribbean Studies, ICS). Celebrado en el Edificio de Oficinas Senatoriales Dirksen y en el Edificio de Oficinas de la Cámara de Representantes Rayburn, el encuentro de dos jornadas abordó una cuestión central: ¿cómo pueden Estados Unidos y el Caribe fortalecer su cooperación para construir resiliencia en una época marcada por desafíos globales superpuestos?


French Quarter Magazine estuvo representada en el foro por uno de nuestros colaboradores, el Dr. Bruno Mazali, quien asistió a los debates e intercambios centrados en el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y el Caribe, así como en los marcos de políticas necesarios para respaldar la estabilidad regional a largo plazo.





El tema de 2026, Compromiso Estratégico Estados Unidos–Caribe en una Era de Policrisis: Impulsando Políticas para la Resiliencia de los Sistemas, reflejó un reconocimiento cada vez mayor de que los desafíos contemporáneos ya no pueden abordarse de manera aislada. La seguridad, el desarrollo económico, los sistemas de salud, la estabilidad financiera, la infraestructura y la preparación ante desastres están cada vez más interconectados, lo que exige respuestas coordinadas entre gobiernos, industrias y sociedad civil.


Los organizadores señalaron que más de 13 millones de estadounidenses tienen raíces caribeñas, lo que convierte a la región no solo en un vecino geográfico cercano, sino también en un importante socio económico, cultural y humano de Estados Unidos.


A lo largo del foro, los ponentes subrayaron que la cuenca del Caribe sigue siendo fundamental para los intereses nacionales estadounidenses. Los participantes retomaron reiteradamente el concepto de “resiliencia de los sistemas”: la capacidad de las naciones y las instituciones para resistir impactos, adaptarse y recuperarse, manteniendo al mismo tiempo la estabilidad y las oportunidades para sus poblaciones.


Las discusiones de la primera jornada se centraron en la seguridad marítima, la resiliencia cibernética y la estabilidad regional. A medida que el comercio, las comunicaciones y las infraestructuras críticas dependen cada vez más de sistemas digitales y redes submarinas, los expertos destacaron las crecientes vulnerabilidades que enfrentan tanto el Caribe como Estados Unidos. Los participantes analizaron formas de fortalecer la cooperación en materia de ciberseguridad, mejorar el intercambio de información y reforzar la preparación regional frente a amenazas emergentes.



La competitividad económica fue otro de los grandes temas del encuentro. Las conversaciones abordaron el comercio, la fiscalidad, las oportunidades de relocalización productiva (nearshoring) y la integración económica regional. En un contexto en el que las cadenas globales de suministro continúan evolucionando, varios ponentes destacaron la ubicación estratégica del Caribe y su potencial papel en el fortalecimiento de redes de abastecimiento resilientes más próximas a América del Norte.


La financiación de infraestructuras también recibió una atención considerable. Los panelistas debatieron la necesidad de invertir en telecomunicaciones, transporte, sistemas energéticos y otras infraestructuras críticas capaces de sostener un crecimiento económico sostenible, al tiempo que fortalecen la resiliencia frente a desastres naturales y perturbaciones relacionadas con el clima.


La segunda jornada amplió el enfoque hacia cuestiones más amplias de participación regional y desarrollo a largo plazo. Una de las sesiones examinó las relaciones entre Estados Unidos y el Caribe en la era posterior a USAID, explorando cómo podrían evolucionar las alianzas estratégicas en respuesta a nuevas realidades geopolíticas y prioridades de desarrollo.





La resiliencia financiera surgió como otra preocupación clave. Los participantes debatieron sobre reducción de riesgos (de-risking), acceso bancario, remesas, seguros y el papel del capital de la diáspora en el impulso del crecimiento económico en todo el Caribe. Varios ponentes señalaron que la inclusión financiera y la solidez de los sistemas bancarios siguen siendo componentes esenciales de una resiliencia económica más amplia.


Los sistemas de salud y la movilidad laboral también ocuparon un lugar destacado. Dada la vulnerabilidad del Caribe ante huracanes y otros desastres naturales, los expertos analizaron la importancia de garantizar la continuidad de la atención sanitaria, fortalecer las capacidades de recuperación ante emergencias y abordar los desafíos de la fuerza laboral mediante iniciativas de cooperación y movilidad regional.


Quizás lo más notable del foro fue su énfasis en la interconexión. Los organizadores sostuvieron que la seguridad ya no puede separarse de la prosperidad económica, ni la recuperación ante desastres de la capacidad sanitaria, ni la infraestructura del desarrollo de la fuerza laboral. Los desafíos que enfrenta la región se superponen cada vez más, lo que exige soluciones igualmente integrales.


El Instituto de Estudios del Caribe, fundado en Washington en 1993 y actual Coordinador Nacional del Mes de la Herencia Caribeño-Estadounidense, ha procurado durante décadas ofrecer una plataforma bipartidista donde responsables políticos y actores clave puedan entablar un diálogo significativo sobre los asuntos regionales. Ahora, en su vigésimo octavo año, el Foro Legislativo continúa siendo un espacio fundamental para esas conversaciones.











Al concluir las deliberaciones, los participantes recordaron que el Caribe es mucho más que una región vecina. Es un socio estratégico cuyo futuro está estrechamente ligado al de Estados Unidos.


En muchos sentidos, el foro reflejó una realidad más amplia que hoy define los asuntos internacionales: la resiliencia se ha convertido en uno de los conceptos fundamentales de la gobernanza contemporánea. Ya sea al abordar la ciberseguridad, el desarrollo económico, la migración, la atención sanitaria o la preparación ante desastres, la capacidad de adaptación y cooperación más allá de las fronteras podría convertirse en uno de los recursos más valiosos de todos.


Para los responsables de políticas y expertos reunidos en Washington, el mensaje fue inequívoco. El futuro de las relaciones entre Estados Unidos y el Caribe dependerá no solo de la capacidad de responder a las crisis cuando surjan, sino también de la construcción de sistemas más sólidos capaces de afrontar las incertidumbres de las próximas décadas.

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