Las mujeres que dan la bienvenida al mundo: las embajadoras culturales del Mundial 2026
- Stephane Benoist

- hace 2 días
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Cuando la Copa Mundial de la FIFA llegue a Norteamérica el 11 de junio de 2026, la atención del mundo se centrará, naturalmente, en los estadios. Millones de espectadores viajarán entre Canadá, México y Estados Unidos. Miles de millones seguirán el torneo desde sus hogares. Los periódicos analizarán tácticas, celebrarán victorias y debatirán controversias. Los jugadores se convertirán en héroes. Los entrenadores pasarán a la historia. Y, finalmente, una nación levantará el trofeo más codiciado del fútbol el 19 de julio de 2026.
Sin embargo, más allá del rugido de las multitudes, otra historia se desarrollará silenciosamente. Es una historia de diplomacia y cultura, de hospitalidad e identidad, de gastronomía, moda, arte, turismo e intercambio internacional. Y en el centro de esa historia se encuentran mujeres extraordinarias que ayudan a definir la manera en que el mundo experimentará uno de los mayores encuentros globales de nuestro tiempo.
La Copa Mundial moderna ya no es únicamente un acontecimiento deportivo. Se ha convertido en un fenómeno cultural de alcance global. El torneo reunirá a 48 naciones en 16 ciudades anfitrionas que se extienden desde Vancouver hasta Ciudad de México, desde Toronto hasta Miami y desde Guadalajara hasta Nueva York. Los visitantes llegarán no solo para ver fútbol, sino también para descubrir países, tradiciones, gastronomías, barrios y personas. Los recuerdos que se llevarán consigo no se limitarán a los goles marcados o a los trofeos conquistados. Recordarán conversaciones, gestos de hospitalidad, encuentros culturales y momentos de descubrimiento. Y, cada vez más, son las mujeres quienes contribuyen a dar forma a esas experiencias.
Durante décadas, el rostro público del deporte internacional fue predominantemente masculino. Presidentes de federaciones, directivos de equipos, comentaristas, diplomáticos y responsables de la toma de decisiones eran, en su mayoría, hombres. Esa realidad ha cambiado de manera significativa. Hoy, las mujeres influyen en prácticamente todas las dimensiones de los grandes eventos deportivos internacionales, desde la diplomacia y el turismo hasta la gastronomía, los medios de comunicación y la programación cultural. La Copa Mundial se juega sobre el césped, pero su legado se construye mucho más allá del terreno de juego.
Uno de los ejemplos más visibles se encuentra dentro del propio mundo del fútbol. Sarai Bareman, directora de Fútbol Femenino de la FIFA, se ha convertido en una de las voces más influyentes del deporte a nivel mundial. Nacida en Nueva Zelanda y de ascendencia samoana, Bareman ha dedicado años a promover una mayor representación, más oportunidades de liderazgo y una inversión más sólida en el fútbol alrededor del mundo. Su trabajo refleja una evolución más amplia dentro del deporte internacional: una que reconoce cada vez más el liderazgo como diverso, global y colaborativo. De manera similar, Jill Ellis, la entrenadora que condujo a la selección femenina de Estados Unidos a conquistar dos Copas Mundiales de la FIFA, ocupa hoy el cargo de directora de Fútbol de la FIFA, contribuyendo a definir el futuro de la gobernanza y el desarrollo del deporte.

Sin embargo, la historia de las mujeres que dan la bienvenida al mundo va mucho más allá de la sede de la FIFA. En Ciudad de México, los visitantes que lleguen para las primeras fases del torneo descubrirán una de las capitales gastronómicas más fascinantes del planeta. Para muchos viajeros, la comida constituye su primera aproximación a la identidad de un país. Nadie comprende mejor esta realidad que Elena Reygadas, nombrada Mejor Chef Femenina del Mundo en 2023.

A través de su trabajo, ha promovido ingredientes locales, técnicas tradicionales y prácticas culinarias sostenibles, al tiempo que presenta la gastronomía mexicana ante audiencias internacionales con sofisticación y autenticidad. Para quienes lleguen a México durante la Copa Mundial, experiencias como estas ofrecen algo más profundo que el turismo: brindan comprensión cultural. Un plato puede revelar la historia. Una receta puede preservar la memoria. Un restaurante puede convertirse en un auténtico embajador.
La moda cuenta una historia similar. Durante generaciones, la vestimenta ha sido una de las expresiones más poderosas de la identidad humana. En los eventos internacionales, la moda se convierte en un lenguaje visual a través del cual los países se presentan ante el mundo. Entre las voces más influyentes en este ámbito se encuentra la diseñadora mexicana Carla Fernández, reconocida internacionalmente por sus colaboraciones con artesanos indígenas. Su trabajo demuestra cómo la artesanía tradicional puede coexistir con la creatividad contemporánea, ilustrando uno de los temas más fascinantes de la Copa Mundial: el diálogo entre la herencia cultural y la innovación.

Lo mismo puede decirse de la hospitalidad y el turismo. Cuando los viajeros recuerdan un destino años después de haberlo visitado, rara vez comienzan hablando de monumentos o estadísticas. Recuerdan a las personas. Recuerdan cómo fueron recibidos. Los líderes del sector turístico en Canadá, México y Estados Unidos comprenden perfectamente esta realidad.
Ciudades como Toronto, Vancouver, Los Angeles y Miami se preparan no solo para recibir visitantes, sino para crear experiencias significativas. Toronto, frecuentemente descrita como una de las ciudades más multiculturales del mundo, ya se asemeja a una pequeña Copa Mundial durante todo el año. Miami ofrece una vibrante intersección de influencias latinoamericanas, mientras que Los Ángeles continúa reinventándose a través de la creatividad, la diversidad y la innovación cultural. Estas ciudades no son simplemente destinos anfitriones; son auténticas embajadoras culturales.
La dimensión diplomática de la Copa Mundial es igualmente relevante. Los grandes eventos deportivos internacionales han servido durante mucho tiempo como plataformas para la diplomacia cultural. Las embajadas organizan recepciones, los institutos culturales presentan exposiciones y los gobiernos respaldan programas artísticos. Las mujeres que trabajan en el ámbito diplomático suelen ocupar una posición única en la intersección de estos mundos. Facilitan conversaciones, construyen relaciones y generan oportunidades de diálogo que trascienden ampliamente la política. Su trabajo quizá no ocupe titulares, pero su impacto puede perdurar durante años. El fútbol proporciona la ocasión; las personas crean la conexión.
Quizás por eso las mujeres que están detrás del juego global merecen un mayor reconocimiento. La diplomática que recibe a los invitados internacionales. La chef que preserva el patrimonio culinario. La diseñadora que celebra la artesanía. La periodista que cuenta historias poco visibles. La emprendedora que crea experiencias culturales. La ejecutiva de turismo que da la bienvenida a los visitantes. Juntas conforman una red invisible que sostiene uno de los mayores encuentros culturales del planeta.
Cuando suene el pitido final en julio de 2026, una nación regresará a casa con el trofeo. Los titulares celebrarán a los campeones y la historia recordará los goles. Pero millones de visitantes volverán a sus países llevando consigo algo igualmente valioso: recuerdos de generosidad, descubrimiento y conexión humana. Detrás de muchos de esos recuerdos habrá mujeres extraordinarias cuyo trabajo transformó un torneo de fútbol en algo mucho más grande: una celebración global de la cultura, la identidad y la humanidad.





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