Una historia que creíamos conocer, hasta ahora
- Isabelle Karamooz

- 6 may
- 4 min de lectura

La expectativa en torno a West Side Story rara vez se siente rutinaria, y esta semana adquiere una intensidad particular. Mientras la Washington National Opera se prepara para inaugurar su producción este viernes 8 de mayo en el Lyric Baltimore, la velada se perfila no solo como una presentación escénica, sino como una declaración artística: un punto de encuentro entre el teatro musical y la ópera, entre una narrativa atemporal y las urgencias del presente.
La noche de estreno comenzará a las 6:30 p.m. con una conferencia y presentación introductoria, seguida de la producción completa a las 7:30 p.m. en el Lyric Baltimore. La obra continuará allí los días 9 y 10 de mayo, antes de trasladarse al Music Center at Strathmore, en North Bethesda, Maryland, los días 14 y 15 de mayo, donde será presentada en formato semiescenificado. Bajo la dirección de Francesca Zambello, esta aclamada puesta en escena ha recorrido importantes teatros de ópera internacionales, llevando consigo tanto espectacularidad visual como una mirada social más aguda y contemporánea.

En el centro de la producción se encuentra Shereen Pimentel, cuyo regreso al papel de Maria representa una evolución profundamente personal. Después de haber interpretado previamente a Maria en una versión condensada de un solo acto y, más tarde, en una producción más amplia en Houston, Pimentel regresa ahora al personaje desde una perspectiva renovada.
“La primera producción que hice tenía mucha más oscuridad”, reflexiona. “Pero ahora, interpretándola por tercera vez, lo verdaderamente emocionante es explorar la alegría y el entusiasmo que implica encarnar a Maria. Ella tiene 16 años… y poder sumergirme realmente en esa juventud y en ese amor ha sido increíblemente emocionante.”
Es precisamente ese equilibrio —entre inocencia y conciencia, lirismo y realidad— lo que define tanto a Maria como la vigencia permanente de la propia obra. Creada por el formidable cuarteto conformado por Leonard Bernstein, Stephen Sondheim, Arthur Laurents y Jerome Robbins, West Side Story continúa siendo una reinterpretación contemporánea de Romeo y Julieta, ambientada en un contexto marcado por cuestiones de identidad, migración y pertenencia.

Para Shereen, Maria está muy lejos de ser únicamente un símbolo de inocencia. “Creo que representa la esperanza”, afirma. “Le dicen a quién debería amar, con quién debería relacionarse, y aun así ella decide mirar más allá de todo eso. Ve a una persona por quien realmente es, por su corazón. Y creo que eso es profundamente importante hoy, cuando tantas personas siguen siendo juzgadas por su origen, por su raza o por su identidad".
En esta producción, esa inmediatez se enfatiza mediante un lenguaje visual contemporáneo. Han desaparecido los códigos nostálgicos de los años cincuenta. Maria aparece por primera vez vestida con jeans y camiseta, una decisión deliberada que reduce la distancia entre el público y la historia. “Es muy fácil percibir esta obra como una pieza vintage”, señala Shereen. “Pero no lo es. La historia sigue ocurriendo hoy. La violencia, la discriminación… lamentablemente siguen siendo profundamente actuales. Modernizar el vestuario nos ayuda a entender que esto no pertenece al pasado.”Y, sin embargo, ciertos símbolos visuales permanecen intactos. El vestido blanco de Maria continúa presente como emblema atemporal de pureza, antes de transformarse en un vibrante amarillo en el segundo acto. “Ese amarillo se vuelve más vivo”, explica. “Es el momento en que ella está completamente enamorada, completamente entregada a aquello en lo que cree… imaginando un mundo donde todos puedan coexistir".
Esa tensión entre belleza y brutalidad está inscrita también en la propia partitura, revitalizada aquí bajo la dirección de Marin Alsop, discípula de Bernstein. Para Shereen, la estructura musical se convierte en una auténtica arquitectura emocional. “Cuando las cosas son hermosas para Maria, la música la eleva; hay muchísimo lirismo”, explica. “Pero cuando ocurre la tragedia, el canto desaparece. Ella vuelve a la palabra hablada. Ese cambio lo transforma todo". Su interpretación se distancia por completo de la idea de una Maria ingenua. En cambio, Shereen Pimentel propone una lectura más compleja y, quizás, más radical. “La veo como alguien silenciosamente radical”, afirma. “No cuestiona lo que siente. Lo sabe. Incluso cuando otros intentan definir qué es correcto o incorrecto para ella, permanece firme en sus propias convicciones. No es ingenua; está segura".
Esa convicción trasciende el escenario. En un momento marcado por transformaciones institucionales y tensiones culturales más amplias, esta producción adquiere una resonancia adicional. La decisión de presentar la obra en el Lyric Baltimore y Strathmore refleja no solo una adaptación logística, sino también una posición clara y deliberada.
“Nuestras decisiones importan”, reflexiona Pimentel. “Las cosas que defendemos son increíblemente importantes. Poder interpretar esta obra y saber que cuenta con apoyo, que las personas eligen asistir y conectar con ella, especialmente en tiempos difíciles, significa absolutamente todo".
Mientras la Washington National Opera celebra su 70.º aniversario, esta producción funciona al mismo tiempo como culminación y continuidad: una reafirmación tanto de la ambición artística como de la relevancia cultural de la institución.

"Para el público, la invitación es clara y discretamente urgente. “Espero que las personas salgan reflexionando profundamente sobre los temas de la obra”, dice Shereen. “Sobre las decisiones que se toman y sobre cómo elecciones diferentes podrían haber cambiado todo. Y espero que se lleven consigo la idea de que siempre podemos elegir algo mejor".
La noche del estreno, esa idea no será abstracta. Será cantada, encarnada y, quizás lo más importante, profundamente sentida.
Crédito de la imagen de portada: Cortesía de Elman Studios







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